La sexualidad y los niños

La sexualidad no se tiene, se es. Somos seres sexuales desde que nacemos. Por eso, la educación de la sexualidad debería ser natural. Sin embargo, suele ser un tema espinoso que a veces se plantea como duda en las terapias de pareja, cuando ésta tiene hijos. Sean pequeños o adolescentes, la educación sexual debe ser compartida por los dos miembros de la pareja.

Cómo comunicamos, cómo sentimos, cómo intimamos, cómo damos placer con la palabra y con todos nuestros sentidos, todo ello es nuestra sexualidad. Por eso mismo, los niños también son seres sexuales. En ellos, la expresión de la sexualidad es algo instintivo, por ejemplo cuando un niño de dos años juega con su pene, pero también aprendido, por imitación, por lo que ve en casa, por las demostraciones de amor que pueda observar de sus padres.

En la consulta de nuestro psicólogo sexólogo en Barcelona, el otro día una madre relató la siguiente situación: “Recogí a los niños del cole, ella tiene 6 años y el pequeño 3. La mayor explicó que en la hora del comedor un compañero suyo de clase, que le solía molestar y tirar del pelo, en esa ocasión se sentó a su lado y empezó a darle besos, en la mejilla, en la frente, en el pelo, en el brazo. Luego, según me dijo me hija, le chupó el dedo. A todo esto el pequeño, que había escuchado con atención, le preguntó a su hermana si quería a ese amigo suyo”.

Este comportamiento, el juego de los besos entre dos niños de 6 años, suele ser totalmente inofensivo. Los besos son algo bonito, una demostración de afecto -y así lo entiende el hermano pequeño-. Evidentemente, tiene que ser algo aceptado por la persona que los recibe. El chupar el dedo podría tener varias lecturas, un simple juego de niños, o un comportamiento íntimo que el jovenzuelo pudiera haber visto de sus padres. En cualquier caso, una situación como ésta es una buena ocasión para que la madre (o el padre, si la presencia el padre) aproveche para hablar a los hijos de la sexualidad, para tratar desde un punto de vista educativo, adaptado a cada edad, la diferencia de sexos, la atracción entre personas, las demostraciones de cariño o de amor.

A estas edades es normal empezar a sentir curiosidad por el tema. Lo suelen demostrar con varios comportamientos, desde darse besos en la boca con el hermano o con una amigo o una amiga, hasta preguntar “cómo se hacen los niños” (y la reciente película “Cigüeñas” seguro que habrá dado lugar a más de una pregunta semejante).

Es importante que, como padres, nosotros nos sintamos preparados para hablar sobre estos temas. No se trata tanto de buscar el momento adecuado, como de aprovechar las situaciones que se vayan dando. Por ejemplo, el que una niña quiera disfrazarse de princesa, y el que un niño quiera vestirse de cowboy. No entraremos en el debate de las princesas Disney y de los estereotipos machistas que difunden, pero cuando una niña quiere vestirse con falda y dejarse el pelo suelto es porque expresa ya su sexualidad, y lo mismo sucede con el niño que se disfraza de vaquero o de policía.

Sinceridad, naturalidad y explicaciones adaptadas a cada edad. Son nuestros consejos para cuando llegue el momento de tratar la sexualidad y el sexo con niños de corta edad. Con ternura, con amor, y siguiendo nuestros instintos paternos, sin confundir y sin levantar tabúes ni rechazo. ¡Ánimo!

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