El sexo durante el embarazo

Durante el embarazo, la mujer es un batido de hormonas revolucionadas. Esto puede afectar también al sexo, en sentido negativo, con inapetencia, o positivo, con un aumento de la libido sexual.

Mantener relaciones sexuales durante el embarazo no tiene ninguna contraindicación médica, a no ser que se trate de un embarazo de riesgo. Incluso durante el primer trimestre es sano tener sexo, aunque es verdad que a veces surge el miedo de que algo pueda no ir bien -especialmente cuando se ha pasado previamente por un aborto-. Las molestias del primer trimestre, desde las náuseas al cansancio exagerado, tampoco serán buenas compañeras de una relación sexual placentera.

Evidentemente, lo más importante es respetar el deseo o las sensaciones de la mujer. Si no quiere mantener relaciones sexuales, podría ser recomendable buscar la ayuda de un sexólogo en Barcelona para hablarlo, aclarar posibles dudas o tratar miedos justificados o injustificados. En Psico-Impronta hemos tratado este tipo de casos con éxito. Dependiendo de las circunstancias, una solución puede ser buscar un punto medio entre el sexo y la intimidad, recurrir a las caricias y evitar temporalmente la penetración, o probar con otro tipo de experiencias sexuales.

El embarazo, en efecto, puede provocar inapetencia sexual. Si el niño ha sido largamente buscado, una vez alcanzado el objetivo el sexo puede perder sentido para ella; se trata de una situación que hay que evitar, porque de lo contrario él puede sentirse utilizado, apartado, olvidado. Lo más bonito de ser padres es la intimidad que se logra con la pareja, y cuando llegue el bebé esta complicidad será necesaria, para afrontar con éxito y sin demasiados nervios las noches en vela, los lloros incomprensibles y otras situaciones que conlleva el pasar de dos a tres.

También él puede sentirse inapetente, especialmente cuando los cambios en el cuerpo de la mujer son más visibles, ya sea por miedo a hacer daño al bebé (un miedo infundado, el feto no lo nota) o por rechazo al agrandamiento de la barriga. En los dos casos, y especialmente en el último, hay que recurrir a un sexólogo para tratar el problema en una terapia de pareja.

En otros casos, la libido sexual se dispara. Él puede sentirse locamente atraído y excitado por la feminidad de una mujer embarazada y feliz. En ella, las ganas de mantener relaciones sexuales suelen incrementarse especialmente en el segundo trimestre, cuando el embarazo está confirmado y todo va bien, cuando se siente satisfecha y femeninamente poderosa con esa barriga que empieza a crecer, cuando ya nota las patadas y los movimientos del feto en su interior.

En el tercer trimestre, el tamaño de la barriga, la pesadez y la fatiga pueden jugar en contra del sexo, pero hay trucos para seguir disfrutando de una vida sexual placentera. Lo más importante es encontrar las posturas adecuadas, en las que ella se sienta más cómoda. Probablemente habrá que evitar la postura del misionero; ella sentada encima de él funcionará mejor, o bien la postura del perrito, para evitar que la barriga moleste en el acto sexual.

Corre el rumor de que mantener relaciones sexuales en las últimas semanas del embarazo puede desencadenar el parto. Durante el orgasmo se producen contracciones uterinas, pero son muy suaves en comparación con las del parto, por lo que es improbable que el día D se adelante y haya que correr al hospital. Además, todo lo que el sexo tiene de relajante y placentero sólo puede ser una ayuda en la dulce espera.

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