El masaje erótico

En nuestro consultorio de sexología en Barcelona, recibimos frecuentes preguntas sobre cómo revitalizar una relación de pareja, cómo dar nueva vida a las relaciones sexuales. El masaje erótico puede ser un buen instrumento.

Los especialistas en masajes eróticos argumentan a menudo que el masaje es en sí el fin, y no un medio para llegar a una relación sexual completa. Por eso, aconsejan evitar besos en la boca y sexo oral, para dificultar que todo se precipite rápidamente en el acto de la penetración. El masaje erótico hay que disfrutarlo, hay que sentirlo, y en sí mismo será una fuente de placer, sin necesidad luego de terminar con el acto sexual. Aunque seguramente este sería la guinda a un pastel muy suculento, así que si se tercia y apetece obviamente no diremos que no. Pero no tiene que ser ese el objetivo primordial, ya que de lo contrario el masaje se convierte en un simple preliminar y pierde gran parte del encanto.

Por esta misma razón, es aconsejable que la masajista (hoy la convertimos a ella en la especialista en masajes, pero otro día puede ser el hombre) no esté desnuda o en lencería. Una camisola escotada, una blusa semitransparente o un pareo estratégicamente anudado dejarán ver lo justo y necesario, y harán desear lo prohibido.

El ambiente es muy importante. No esencial, es verdad, pero todo ayuda para facilitar la relajación, para que él se deje llevar y desconecte de la realidad. Lo mejor es estimular todos los sentidos: algo de incienso y unas velas aromatizadas para el olfato, luz atenuada y unos espejos para la vista, música relajante para el oído, algo de cava o unas frutas para el gusto, y luego tus manos y un montón de posibilidades más para el tacto.

Hablando de frutas, sirven también como instrumento para el masaje erótico, como fuente de excitación. Morder una rodaja de melón bien madura sentada sobre su abdomen, mientras él te mira fijamente, es intensamente excitante para los dos, el jugo que emana de tu boca y gotea sobre su piel, el contraste de temperaturas entre la piel y la fruta, la textura de la pulpa en tu boca… Una naranja también podría servir, o quizá un kiwi, pero el resto de frutas mejor olvidarlas, o reservarlas sólo como tentempié (¿unas fresas combinadas con chocolate fundido?). La leche (¿un manantial de leche que emana de tu boca y recorre tu cuello, tu escote…?) es otro ingrediente que puede ser excitante, por la simbología asociada, por el contraste sobre la piel.

Plumas y pétalos de rosa serán otros instrumentos muy efectivos para el masaje, para estimular la piel, con movimientos pausados y lentos, acariciando, restregando, dejándose ir. Y, sobre todo, las manos y la boca. La boca tiene multitud de posibilidades, desde el aliento al beso, desde el bocado suave al lametón, siempre en movimientos encadenados, del aliento llegamos al beso, del beso llegamos al lametón.

En definitiva, un masaje erótico es un mundo de sensaciones que hay que ir cabalgando y entrelazando según las respuestas del receptor. No hay un guión escrito y todo masaje será distinto e igualmente placentero, si se hace siguiendo las sensaciones de ambos, dejándose ir y sintiéndolo conscientemente, totalmente entregados. Y es, sin ninguna duda, un arma infalible para aportar algo de vidilla a una relación de pareja.

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